viernes, 2 de octubre de 2009
CONVENTILLOS
AUTORA: ELSA FRIGENI MUSACH
Deseo hallar la diferencia, que sin duda existe, entre un conventillo, que tantas veces fueron descriptos por plumas famosas, con el edificio de catorce pisos en el que vivo.
Busco con empeño la disparidad.
Sin proponérmelo, después de convivir durante veinte años con tantas personas, les tomé cariño a mis vecinos.
He visto nacer a muchos de lo ahora son adolescente. Escuché en las noches el llanto de esos bebés. No me molestaban, era lo único que podía hacer un recién llegado a este mundo. Cuando nacieron los mellizos del cuarto, yo vivo en el tercero, oía los pasos de los padres paseándolos hasta que se calmaban. Ahora ya son los de ellos junto con sus juguetes. ¡Cómo pasó el tiempo, ya tienen un año y medio, están hermosos son igualitos!.
Por lo general somos tranquilos, si no fuera que sin darse cuenta, dejan mal cerradas las puertas de los ascensores y no responden al pedido de ¡ASCENSOR! repetido varias veces, a mí me cuesta transitar las escaleras, pero... hay que aceptar estos inconvenientes, sobre todo cuando quedan en la planta baja, se comprende que salieron muy apurados por llegar al trabajo o al colegio, son muy cumplidores con los horarios.
A la hora de la cena pasa algo que me da un poquito de asquito, es el aroma que sube o baja de las cocinas de los departamentos. Claro que yo comprendo cada uno hace lo que quiere o puede, pescado, milanesas, salsas, puchero, bueno... a mí me molesta porque a esa hora yo tomo un tecito con leche con tostadas con miel, no me conviene acostarme con el estomago cargado, por los años que tengo, me dijo el médico, y yo le hago caso, si no duermo mal.
Igual de noche me despierto cuando de pronto se oye el vocerío del matrimonio del quinto recriminando a su hijo , y a la chica también ¡eh!, ¡te dimos permiso hasta las doce y mirá la hora que es y en que estado llegas!. Yo prendo mi velador y observo el reloj, son las cuatro de la mañana , pero, ... pobre pibe, quizá está transpirado porque llegó caminando, con las huelgas sorpresivas del transporte que cuando no son los trenes son los subtes y ¡cuantas veces los colectivos!. Pobre muchacho lo tienen que comprender. La semana pasada la discusión fue con la hija, pensar que a estos los conozco desde la panza de su mamá.
En mi piso hará dos años que se desocupó un departamento y lo alquiló una muchacha. Con esta duermo menos porque a cada rato llama al ascensor baja y enseguida sube y repite esto varias veces durante la noche, creo que tiene menos memoria que yo, debe olvidarse de comprar cigarrillos o pastillas de menta o caramelos ácidos, tiene suerte que el quiosco está abierto toda la noche, la pobre después duerme todo el día, recién sale a dar una vuelta a la tardecita. Claro que yo tengo el sueño muy liviano, como se dice, y como soy muy mayor no necesito dormir tanto.
La vez pasada, era de día. Sentí unas sirenas y me asomé al balcón, había llegado un móvil policial y detrás una ambulancia, ¿qué ocurrió?, Según me dijo el encargado del edificio, un señor que vive en el séptimo con su esposa llegó mas temprano de lo acostumbrado porque se sintió enfermo en el trabajo, pero como es muy nervioso se peleó con su mujer porque encontró en su casa a un señor que había ido a visitarlos y en vez de ser cordial con esa persona comenzó a los golpes con él. Bueno en definitiva a la mujer la sacaron en camilla y rápido salió la ambulancia, y a los hombres los llevó la policía en el móvil.
No todo es molesto. En ocasiones se hace presente la solidaridad.
Está aquella vecina que alcanza un tazón de caldo a una persona que está con gripe, y otra que va a la farmacia en busca de un medicamento, o nos ofrecemos a cuidar a una criatura cuando la enferma es la mamá o un imprevisto la obliga a salir rápido, o sacar de apuro a la que está preparando un postre y no le alcanza el azúcar, la del departamento de enfrente la salva.
He hecho amigas porque necesitan compañía. Una charla, un té, unos mates ayudan a salvar la situación. Los añosos salimos favorecidos en esta maraña que nos rodea. Siempre aparece, sobre todo en días muy fríos o lluviosos, de algún piso una persona, incluido el encargado, ofreciéndose para irnos a comprar alguna cosa que necesitemos. La concordia está presente.
Llego al final y no encuentro la diferencia que creí hallar.
Los seres humanos cambiamos en apariencia, en costumbres particulares, pero los sentimientos y o problemas salen a flor de piel en grandes conventillos horizontales del l900 como en los grandes conventillos verticales del 2008.
BASTIANO
AUTORA: JUANITA WALFISCH
El cuerpo de Patricio yacía boca abajo, sobre la escasa hierba del campo de batalla.
Tenía los ojos cerrados; un intenso dolor en el pecho, cerca del hombro derecho, lo mantenía inmóvil
De pronto sintió, sobre el costado izquierdo de su cuerpo, un suave empujón. Algo o alguien estaba tratando de sacarlo del estado de desvaneci miento en el que se encontraba.
Pestañeando muy lentamente comenzó a tomar conciencia del lugar.
Con la cabeza, aún, apoyada sobre el suelo, observó la escena que se presentaba ante él.
El campo era un tendal de cuerpos destrozados por la lucha, uniformes de los dos bandos se había unido en ese trágico final que les era común.
Se encontraba en presencia de la muerte, el olor de la sangre penetraba por su nariz e inundaba sus sentidos. Pudo escuchar los gritos de dolor de otros sobrevivientes, que parecían llegar a sus oídos de todas partes.
Nuevamente sintió sobre su costillar izquierdo un empujón.
Giró un poco la cabeza y pudo ver a su caballo, Bastiano, que con el hocico insistía en reanimar a su amo.
El soldado intentó levantarse, pero el dolor de la herida lo obligó a desplomarse, casi, al borde del desmayo.
Sintió la tibieza de su propia sangre que había formado un pequeño charco, sobre el cual cayó.
El noble animal caminó unos pasos, se acercó de manera que la mano izquierda de Patricio pudiera tomar la rienda y ayudándose con ella, consiguiera ponerse de pie. Temblaba.
El dolor lacerante del hombro, casi, no lo dejaba respirar.
Apoyado sobre la montura, tuvo una visión completa del horror.
Los cuerpos desmembrados yacían por doquier; la sangre y la pólvora formaban una combinación irrespirable, los gemidos de algunos moribundos, lo estremecían.
Contrastando con tanta destrucción, divisó a lo lejos las colinas, verdes, exuberantes, bañadas por el sol de un atardecer para el olvido.
Bastiano dio un paso, el movimiento sacó de su ensimismamiento al joven.
Con gran esfuerzo, lo montó.
El caballo, tratando de esquivar los cuerpos inertes, comenzó a alejarse.
Se dirigió por una huella que se internaba en un pequeño bosque.
Parecía saber que ese camino, de árboles con sus troncos enérgicos y aromáticos, de ramas frondosas y hojas frescas, daría a su amo el alivio del aire renovado que lo llevaría por el sendero de la esperanza hacia la vida.
Tenía los ojos cerrados; un intenso dolor en el pecho, cerca del hombro derecho, lo mantenía inmóvil
De pronto sintió, sobre el costado izquierdo de su cuerpo, un suave empujón. Algo o alguien estaba tratando de sacarlo del estado de desvaneci miento en el que se encontraba.
Pestañeando muy lentamente comenzó a tomar conciencia del lugar.
Con la cabeza, aún, apoyada sobre el suelo, observó la escena que se presentaba ante él.
El campo era un tendal de cuerpos destrozados por la lucha, uniformes de los dos bandos se había unido en ese trágico final que les era común.
Se encontraba en presencia de la muerte, el olor de la sangre penetraba por su nariz e inundaba sus sentidos. Pudo escuchar los gritos de dolor de otros sobrevivientes, que parecían llegar a sus oídos de todas partes.
Nuevamente sintió sobre su costillar izquierdo un empujón.
Giró un poco la cabeza y pudo ver a su caballo, Bastiano, que con el hocico insistía en reanimar a su amo.
El soldado intentó levantarse, pero el dolor de la herida lo obligó a desplomarse, casi, al borde del desmayo.
Sintió la tibieza de su propia sangre que había formado un pequeño charco, sobre el cual cayó.
El noble animal caminó unos pasos, se acercó de manera que la mano izquierda de Patricio pudiera tomar la rienda y ayudándose con ella, consiguiera ponerse de pie. Temblaba.
El dolor lacerante del hombro, casi, no lo dejaba respirar.
Apoyado sobre la montura, tuvo una visión completa del horror.
Los cuerpos desmembrados yacían por doquier; la sangre y la pólvora formaban una combinación irrespirable, los gemidos de algunos moribundos, lo estremecían.
Contrastando con tanta destrucción, divisó a lo lejos las colinas, verdes, exuberantes, bañadas por el sol de un atardecer para el olvido.
Bastiano dio un paso, el movimiento sacó de su ensimismamiento al joven.
Con gran esfuerzo, lo montó.
El caballo, tratando de esquivar los cuerpos inertes, comenzó a alejarse.
Se dirigió por una huella que se internaba en un pequeño bosque.
Parecía saber que ese camino, de árboles con sus troncos enérgicos y aromáticos, de ramas frondosas y hojas frescas, daría a su amo el alivio del aire renovado que lo llevaría por el sendero de la esperanza hacia la vida.
¿VERDAD O CONSECUENCIA?
AUTORA: SILVIA OLIVER
José y Alicia, cada vez que se iban a ratear, monopolizaban el mismo punto en común que los otros chicos para reunirse, la calle de atrás del colegio, ese martes era unos de esos días de rateada masiva.
Asistían a la Escuela media n°4 de Gerli, en ese entonces el colegio usaba el edificio de la 37 que estaba sobre Lacarra. Ambos cursaban el 1° año 3° división del ciclo polimodal vespertino, entraban a las cinco de la tarde hasta las diez y veinte de la noche ó a las once cuando tenían séptima.
Que se pusieran a salir fue una casualidad, ella le estaba haciendo gancho a una amiga, entre que… Siiii, que después le digo en el otro recreo, me parece que mejor no,.. fueron pasando los meses y, lo que al principio se trataba de llevar el mensaje y retirarse, con los días pasó a ser una excusa para charlar.
-¿Alicia, jugás a verdad ó consecuencia?-
- Dale-
-¿Y vos José?-
- Está bien-
- ¡¡¡Vengan para acá “monguis”!!! No hagan ruido, que si nos descubre la Pepa nos liquida-
Otro lugar en común era el laboratorio cuando querían ratearse de una clase que generalmente era dibujo, (total “la Isis” nunca se daba cuenta). El Buchi tenía una copia de la llave del laboratorio, heredada del hermano mayor, que en su momento había sido ayudante de la López (la de química) y le había confiado una llave. Por supuesto que él se encargó de duplicar.
Con las luces apagadas y escondidos debajo de las mesadas de mármol, creaban durante un rato un mundo perfecto, al tamaño de ellos, con sus reglas de juego, sistema de convivencia, roles, con su justicia y también sus injusticias, una orbe dentro de otra.
- Mónica, ¡verdad o consecuencia!-
- Verdad-
- Es verdad que te gusta Castro-
- ¡¡¡Hay siiii, me súper gusta!!!-
- Castro, verdad ó consecuencia-
- ¡Consecuencia!-
- Tenés que “rascar” diez minutos con Mónica-
Así se formaba el círculo, por supuesto siempre se contaba con la complicidad de la mediadora de turno.
- Alicia verdad ó consecuencia.-
- Verdad-
- ¿Es verdad que de tanto llevarle mensajes de Claudia a José, ahora el te súper gusta?-
- Si, loca, ¡yo te lo conté a vos! pero no tenías que quemarme-
- José verdad ó consecuencia-
- Consecuencia-
-¿Quién dijo que tenés que ir con Alicia debajo de las piletas y rascar con ella por diez minutos?-
- qué se yo, ¿vos?-
-no ¡¡¡perdiste!!!-
- Adri, verdad ó consecuencia-
Y el juego seguía, a veces se trataba únicamente de pasar el momento, otras se formaban esas especies de noviazgos que para ellos eran vergonzosos, y para las chicas prometedor.
De esa manera comenzaron a salir.
Cada uno arrastraba un bagaje de cosas, algunas propias de la adolescencia, otras… heredadas, de sueños, de fracasos, de mal aprendizaje, de mala educación, de educación desinformada, de falta de información.
Ellos no registraban el “no te metas, por algo se lo llevaron, ¡está el toque de queda! No podés andar en la calle…estamos en estado de sitio”… ellos a sus quince años él y trece ella, a pesar de vivir en los finales de los ’70, no registraban su entorno, no fueron educados para registrar el entorno, sino para obedecer el ¡No! ¿Por qué? ¡Porque no! ó ¡Si! ¿Por qué? Porque sí…ese era el motivo que los empujaba a buscar desesperadamente un lugarcito para respirar libertad y por unas horas afloraba la rebeldía natural de los adolescentes, haciéndolos tangible en sus rateadas.
Así con el tiempo seguían juntos, ella cumplió los quince él dejó de estudiar, pero seguían viéndose en la puerta de la escuela, y en casos como el de ese martes, robarle unas horas a la persecuta de los adultos.
Ese día Alicia lo va a recordar por dos acontecimientos uno muy importante en ese momento, otro, el tiempo y la historia le contaron de su trascendencia.
-Allá viene el Tano, avisále que hoy no entramos que nos rateamos todos-
-¡Corran, que viene la preceptora! ¡Dale Gallega que viene la Pepa!-
Generalmente, era la forma de terminar la tertulia se dispersaban rápido, algunos iban hacia la placita de Bustamante, y los enamorados hacia el puente Delaserna, ¿La excusa? pararse arriba del puente y esperar que pasen los trenes, por su condición deplorable temblaba toda la estructura y más cuando se cruzaban los convoyes que iban hacia ambos lados. La realidad era que esa zona estaba menos iluminada y los enamorados podían jugar a ser adultos tratando de descubrir su despertar sexual.
Temática que no manejaba muy bien Alicia. -¡Vos tenés que cuidarte, los hombres quieren hacer la porquería y después te dejan embarazada!-
-¿No entiendo, cuidarme cómo mamá?-
- Mejor, lo único que tenés que entender, es que al matrimonio se llega virgen-
Lo poco que sabía era lo que charlaba con las otras chicas y generalmente, esta no era una fuente confiable. -Mirá, primero sentís que te duele y después ya está-
- Pero… ¿Cuánto dura el dolor?-
- Un minuto, que se yo…-
-¡¿Y ya está?!-
- Y si… ya está… no sé… ¿hace fiesta de quince Adriana?-
- No el padrastro no la deja… pero seguí contando…
Así saltaban de una investigación a la otra cada vez desinformándose más.
Esa noche el puente estaba más solo que nunca, eran ellos cuatro Alicia, José, Adriana y el negro Castro, aventurándose al temblor del puente y a la suerte de conseguir algo más.
-¡Dale, que te cuesta!-
-No-
- Yo te cuido, te juro, sé como cuidarte-
-No, te dije que no-
- ¿Te da vergüenza? Mirá que no se lo cuento a nadie. ¿Es por vergüenza?-
- No… no quiero, ¡me dá miedo!-
-¿Miedo de que boba? Si no te va a pasar nada, te juro… dale, loca, ¡decí que sí!-
-Pero acá arriba del puente ¡nos van a ver todos!-
-¡No! Vamos allá atrás de la calesita-
- Pero Adriana…-
- El negro y Adriana también van para allá, dale vamos-
Tomaron coraje para cruzar el tramo que les faltaba del puente y dar un nuevo paso en la vida. Cuando volvieron a bajar las escaleras, frente a ellos como aparecidos, estaban dos hombres de gruesos bigotes, con caras de padres acusadores. A medida que se acercaban, parecían más altos, más grandes, sus uniformes más azules aún.
-¿¡Qué hacen aquí?!-
-Nada Señor- contestó el negro Castro que era el mayor de los cuatro.
- ¡¡¡ Maidana, revise a los pibes!!!-
-¡¡¡No por favor señor no estábamos haciendo, nada!!!-
-¡¡¡De donde vienen!!! No saben que estamos en estado de sitio-
- Estábamos en la placita- una voz finita salió de José. Alicia y Adriana comenzaron a llorar, el miedo había invadido su cuerpo, el metro noventa del negro Castro se perdió en la inclinación de su espalda, estaban desfigurados. Les habían enseñado tenerle miedo a la autoridad.
- Mocosos de mierda, después si les pasa algo la culpa es nuestra ¿¡No?!-
- No señor-
- Maidana, ¡súbalos al coche!-
Los cuatro lloraban, tenían miedo de que los padres se enterasen. Ya se imaginaban los castigos que iban a recibir en sus casas, el grito de sus madres ¡Por qué me haces esto!¡Yo que te doy todo, casa, comida, ropa, y vos me haces esto!... el desprecio de los padres ¡es tu culpa, se les da de todo!¡trabajo todo el día y encima vengo y me tengo que hacer mala sangre!¡Si sigue así que se vaya a la calle!¡No lo quiero más acá!.
Y así fue, cada uno recibió un castigo, meses sin salir las chicas, confiscarle el sueldo entero a los chicos, la advertencia del agente- Señora cuídela, diga que la encontramos nosotros…y la trajimos directo a su casa… podía haber sido distinto… Y vos toda una señorita, ¡¿no te dá vergüenza hacerle esto a tu pobre madre?!-
A Alicia le queda el recuerdo de su último año de secundaria, después dejó el estudio, dejó a José, dejó su adolescencia, y guardó los recuerdos. El tiempo se encargó de demostrarle que aquella noche fueron dos las anécdotas que le quedaron para contar.
José y Alicia, cada vez que se iban a ratear, monopolizaban el mismo punto en común que los otros chicos para reunirse, la calle de atrás del colegio, ese martes era unos de esos días de rateada masiva.
Asistían a la Escuela media n°4 de Gerli, en ese entonces el colegio usaba el edificio de la 37 que estaba sobre Lacarra. Ambos cursaban el 1° año 3° división del ciclo polimodal vespertino, entraban a las cinco de la tarde hasta las diez y veinte de la noche ó a las once cuando tenían séptima.
Que se pusieran a salir fue una casualidad, ella le estaba haciendo gancho a una amiga, entre que… Siiii, que después le digo en el otro recreo, me parece que mejor no,.. fueron pasando los meses y, lo que al principio se trataba de llevar el mensaje y retirarse, con los días pasó a ser una excusa para charlar.
-¿Alicia, jugás a verdad ó consecuencia?-
- Dale-
-¿Y vos José?-
- Está bien-
- ¡¡¡Vengan para acá “monguis”!!! No hagan ruido, que si nos descubre la Pepa nos liquida-
Otro lugar en común era el laboratorio cuando querían ratearse de una clase que generalmente era dibujo, (total “la Isis” nunca se daba cuenta). El Buchi tenía una copia de la llave del laboratorio, heredada del hermano mayor, que en su momento había sido ayudante de la López (la de química) y le había confiado una llave. Por supuesto que él se encargó de duplicar.
Con las luces apagadas y escondidos debajo de las mesadas de mármol, creaban durante un rato un mundo perfecto, al tamaño de ellos, con sus reglas de juego, sistema de convivencia, roles, con su justicia y también sus injusticias, una orbe dentro de otra.
- Mónica, ¡verdad o consecuencia!-
- Verdad-
- Es verdad que te gusta Castro-
- ¡¡¡Hay siiii, me súper gusta!!!-
- Castro, verdad ó consecuencia-
- ¡Consecuencia!-
- Tenés que “rascar” diez minutos con Mónica-
Así se formaba el círculo, por supuesto siempre se contaba con la complicidad de la mediadora de turno.
- Alicia verdad ó consecuencia.-
- Verdad-
- ¿Es verdad que de tanto llevarle mensajes de Claudia a José, ahora el te súper gusta?-
- Si, loca, ¡yo te lo conté a vos! pero no tenías que quemarme-
- José verdad ó consecuencia-
- Consecuencia-
-¿Quién dijo que tenés que ir con Alicia debajo de las piletas y rascar con ella por diez minutos?-
- qué se yo, ¿vos?-
-no ¡¡¡perdiste!!!-
- Adri, verdad ó consecuencia-
Y el juego seguía, a veces se trataba únicamente de pasar el momento, otras se formaban esas especies de noviazgos que para ellos eran vergonzosos, y para las chicas prometedor.
De esa manera comenzaron a salir.
Cada uno arrastraba un bagaje de cosas, algunas propias de la adolescencia, otras… heredadas, de sueños, de fracasos, de mal aprendizaje, de mala educación, de educación desinformada, de falta de información.
Ellos no registraban el “no te metas, por algo se lo llevaron, ¡está el toque de queda! No podés andar en la calle…estamos en estado de sitio”… ellos a sus quince años él y trece ella, a pesar de vivir en los finales de los ’70, no registraban su entorno, no fueron educados para registrar el entorno, sino para obedecer el ¡No! ¿Por qué? ¡Porque no! ó ¡Si! ¿Por qué? Porque sí…ese era el motivo que los empujaba a buscar desesperadamente un lugarcito para respirar libertad y por unas horas afloraba la rebeldía natural de los adolescentes, haciéndolos tangible en sus rateadas.
Así con el tiempo seguían juntos, ella cumplió los quince él dejó de estudiar, pero seguían viéndose en la puerta de la escuela, y en casos como el de ese martes, robarle unas horas a la persecuta de los adultos.
Ese día Alicia lo va a recordar por dos acontecimientos uno muy importante en ese momento, otro, el tiempo y la historia le contaron de su trascendencia.
-Allá viene el Tano, avisále que hoy no entramos que nos rateamos todos-
-¡Corran, que viene la preceptora! ¡Dale Gallega que viene la Pepa!-
Generalmente, era la forma de terminar la tertulia se dispersaban rápido, algunos iban hacia la placita de Bustamante, y los enamorados hacia el puente Delaserna, ¿La excusa? pararse arriba del puente y esperar que pasen los trenes, por su condición deplorable temblaba toda la estructura y más cuando se cruzaban los convoyes que iban hacia ambos lados. La realidad era que esa zona estaba menos iluminada y los enamorados podían jugar a ser adultos tratando de descubrir su despertar sexual.
Temática que no manejaba muy bien Alicia. -¡Vos tenés que cuidarte, los hombres quieren hacer la porquería y después te dejan embarazada!-
-¿No entiendo, cuidarme cómo mamá?-
- Mejor, lo único que tenés que entender, es que al matrimonio se llega virgen-
Lo poco que sabía era lo que charlaba con las otras chicas y generalmente, esta no era una fuente confiable. -Mirá, primero sentís que te duele y después ya está-
- Pero… ¿Cuánto dura el dolor?-
- Un minuto, que se yo…-
-¡¿Y ya está?!-
- Y si… ya está… no sé… ¿hace fiesta de quince Adriana?-
- No el padrastro no la deja… pero seguí contando…
Así saltaban de una investigación a la otra cada vez desinformándose más.
Esa noche el puente estaba más solo que nunca, eran ellos cuatro Alicia, José, Adriana y el negro Castro, aventurándose al temblor del puente y a la suerte de conseguir algo más.
-¡Dale, que te cuesta!-
-No-
- Yo te cuido, te juro, sé como cuidarte-
-No, te dije que no-
- ¿Te da vergüenza? Mirá que no se lo cuento a nadie. ¿Es por vergüenza?-
- No… no quiero, ¡me dá miedo!-
-¿Miedo de que boba? Si no te va a pasar nada, te juro… dale, loca, ¡decí que sí!-
-Pero acá arriba del puente ¡nos van a ver todos!-
-¡No! Vamos allá atrás de la calesita-
- Pero Adriana…-
- El negro y Adriana también van para allá, dale vamos-
Tomaron coraje para cruzar el tramo que les faltaba del puente y dar un nuevo paso en la vida. Cuando volvieron a bajar las escaleras, frente a ellos como aparecidos, estaban dos hombres de gruesos bigotes, con caras de padres acusadores. A medida que se acercaban, parecían más altos, más grandes, sus uniformes más azules aún.
-¿¡Qué hacen aquí?!-
-Nada Señor- contestó el negro Castro que era el mayor de los cuatro.
- ¡¡¡ Maidana, revise a los pibes!!!-
-¡¡¡No por favor señor no estábamos haciendo, nada!!!-
-¡¡¡De donde vienen!!! No saben que estamos en estado de sitio-
- Estábamos en la placita- una voz finita salió de José. Alicia y Adriana comenzaron a llorar, el miedo había invadido su cuerpo, el metro noventa del negro Castro se perdió en la inclinación de su espalda, estaban desfigurados. Les habían enseñado tenerle miedo a la autoridad.
- Mocosos de mierda, después si les pasa algo la culpa es nuestra ¿¡No?!-
- No señor-
- Maidana, ¡súbalos al coche!-
Los cuatro lloraban, tenían miedo de que los padres se enterasen. Ya se imaginaban los castigos que iban a recibir en sus casas, el grito de sus madres ¡Por qué me haces esto!¡Yo que te doy todo, casa, comida, ropa, y vos me haces esto!... el desprecio de los padres ¡es tu culpa, se les da de todo!¡trabajo todo el día y encima vengo y me tengo que hacer mala sangre!¡Si sigue así que se vaya a la calle!¡No lo quiero más acá!.
Y así fue, cada uno recibió un castigo, meses sin salir las chicas, confiscarle el sueldo entero a los chicos, la advertencia del agente- Señora cuídela, diga que la encontramos nosotros…y la trajimos directo a su casa… podía haber sido distinto… Y vos toda una señorita, ¡¿no te dá vergüenza hacerle esto a tu pobre madre?!-
A Alicia le queda el recuerdo de su último año de secundaria, después dejó el estudio, dejó a José, dejó su adolescencia, y guardó los recuerdos. El tiempo se encargó de demostrarle que aquella noche fueron dos las anécdotas que le quedaron para contar.
AUTORA: GRACIELA MORENO
Casi…diez décadas recorrí,
sonrisas/ lágrimas
lágrimas / sonrisas
entrelazadas a los latidos de mi corazón.
Hoy la luna, me acaricia sutilmente,
cierro los ojos…
La niña pasa a mi lado,
canta …baila…sueña…
Llega hasta los brazos de su bisabuela
y se duerme mientras Luisa ,entona
una canción italiana en sus oídos.
¡Niña, niña!
Casi… diez décadas, habitas en mi alma.
Casi…diez décadas recorrí,
sonrisas/ lágrimas
lágrimas / sonrisas
entrelazadas a los latidos de mi corazón.
Hoy la luna, me acaricia sutilmente,
cierro los ojos…
La niña pasa a mi lado,
canta …baila…sueña…
Llega hasta los brazos de su bisabuela
y se duerme mientras Luisa ,entona
una canción italiana en sus oídos.
¡Niña, niña!
Casi… diez décadas, habitas en mi alma.
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