viernes, 2 de octubre de 2009

¿VERDAD O CONSECUENCIA?

AUTORA: SILVIA OLIVER


José y Alicia, cada vez que se iban a ratear, monopolizaban el mismo punto en común que los otros chicos para reunirse, la calle de atrás del colegio, ese martes era unos de esos días de rateada masiva.
Asistían a la Escuela media n°4 de Gerli, en ese entonces el colegio usaba el edificio de la 37 que estaba sobre Lacarra. Ambos cursaban el 1° año 3° división del ciclo polimodal vespertino, entraban a las cinco de la tarde hasta las diez y veinte de la noche ó a las once cuando tenían séptima.
Que se pusieran a salir fue una casualidad, ella le estaba haciendo gancho a una amiga, entre que… Siiii, que después le digo en el otro recreo, me parece que mejor no,.. fueron pasando los meses y, lo que al principio se trataba de llevar el mensaje y retirarse, con los días pasó a ser una excusa para charlar.
-¿Alicia, jugás a verdad ó consecuencia?-
- Dale-
-¿Y vos José?-
- Está bien-
- ¡¡¡Vengan para acá “monguis”!!! No hagan ruido, que si nos descubre la Pepa nos liquida-
Otro lugar en común era el laboratorio cuando querían ratearse de una clase que generalmente era dibujo, (total “la Isis” nunca se daba cuenta). El Buchi tenía una copia de la llave del laboratorio, heredada del hermano mayor, que en su momento había sido ayudante de la López (la de química) y le había confiado una llave. Por supuesto que él se encargó de duplicar.
Con las luces apagadas y escondidos debajo de las mesadas de mármol, creaban durante un rato un mundo perfecto, al tamaño de ellos, con sus reglas de juego, sistema de convivencia, roles, con su justicia y también sus injusticias, una orbe dentro de otra.
- Mónica, ¡verdad o consecuencia!-
- Verdad-
- Es verdad que te gusta Castro-
- ¡¡¡Hay siiii, me súper gusta!!!-
- Castro, verdad ó consecuencia-
- ¡Consecuencia!-
- Tenés que “rascar” diez minutos con Mónica-
Así se formaba el círculo, por supuesto siempre se contaba con la complicidad de la mediadora de turno.
- Alicia verdad ó consecuencia.-
- Verdad-
- ¿Es verdad que de tanto llevarle mensajes de Claudia a José, ahora el te súper gusta?-
- Si, loca, ¡yo te lo conté a vos! pero no tenías que quemarme-
- José verdad ó consecuencia-
- Consecuencia-
-¿Quién dijo que tenés que ir con Alicia debajo de las piletas y rascar con ella por diez minutos?-
- qué se yo, ¿vos?-
-no ¡¡¡perdiste!!!-
- Adri, verdad ó consecuencia-
Y el juego seguía, a veces se trataba únicamente de pasar el momento, otras se formaban esas especies de noviazgos que para ellos eran vergonzosos, y para las chicas prometedor.
De esa manera comenzaron a salir.

Cada uno arrastraba un bagaje de cosas, algunas propias de la adolescencia, otras… heredadas, de sueños, de fracasos, de mal aprendizaje, de mala educación, de educación desinformada, de falta de información.
Ellos no registraban el “no te metas, por algo se lo llevaron, ¡está el toque de queda! No podés andar en la calle…estamos en estado de sitio”… ellos a sus quince años él y trece ella, a pesar de vivir en los finales de los ’70, no registraban su entorno, no fueron educados para registrar el entorno, sino para obedecer el ¡No! ¿Por qué? ¡Porque no! ó ¡Si! ¿Por qué? Porque sí…ese era el motivo que los empujaba a buscar desesperadamente un lugarcito para respirar libertad y por unas horas afloraba la rebeldía natural de los adolescentes, haciéndolos tangible en sus rateadas.
Así con el tiempo seguían juntos, ella cumplió los quince él dejó de estudiar, pero seguían viéndose en la puerta de la escuela, y en casos como el de ese martes, robarle unas horas a la persecuta de los adultos.
Ese día Alicia lo va a recordar por dos acontecimientos uno muy importante en ese momento, otro, el tiempo y la historia le contaron de su trascendencia.
-Allá viene el Tano, avisále que hoy no entramos que nos rateamos todos-
-¡Corran, que viene la preceptora! ¡Dale Gallega que viene la Pepa!-
Generalmente, era la forma de terminar la tertulia se dispersaban rápido, algunos iban hacia la placita de Bustamante, y los enamorados hacia el puente Delaserna, ¿La excusa? pararse arriba del puente y esperar que pasen los trenes, por su condición deplorable temblaba toda la estructura y más cuando se cruzaban los convoyes que iban hacia ambos lados. La realidad era que esa zona estaba menos iluminada y los enamorados podían jugar a ser adultos tratando de descubrir su despertar sexual.
Temática que no manejaba muy bien Alicia. -¡Vos tenés que cuidarte, los hombres quieren hacer la porquería y después te dejan embarazada!-
-¿No entiendo, cuidarme cómo mamá?-
- Mejor, lo único que tenés que entender, es que al matrimonio se llega virgen-
Lo poco que sabía era lo que charlaba con las otras chicas y generalmente, esta no era una fuente confiable. -Mirá, primero sentís que te duele y después ya está-
- Pero… ¿Cuánto dura el dolor?-
- Un minuto, que se yo…-
-¡¿Y ya está?!-
- Y si… ya está… no sé… ¿hace fiesta de quince Adriana?-
- No el padrastro no la deja… pero seguí contando…
Así saltaban de una investigación a la otra cada vez desinformándose más.
Esa noche el puente estaba más solo que nunca, eran ellos cuatro Alicia, José, Adriana y el negro Castro, aventurándose al temblor del puente y a la suerte de conseguir algo más.
-¡Dale, que te cuesta!-
-No-
- Yo te cuido, te juro, sé como cuidarte-
-No, te dije que no-
- ¿Te da vergüenza? Mirá que no se lo cuento a nadie. ¿Es por vergüenza?-
- No… no quiero, ¡me dá miedo!-
-¿Miedo de que boba? Si no te va a pasar nada, te juro… dale, loca, ¡decí que sí!-
-Pero acá arriba del puente ¡nos van a ver todos!-
-¡No! Vamos allá atrás de la calesita-
- Pero Adriana…-
- El negro y Adriana también van para allá, dale vamos-

Tomaron coraje para cruzar el tramo que les faltaba del puente y dar un nuevo paso en la vida. Cuando volvieron a bajar las escaleras, frente a ellos como aparecidos, estaban dos hombres de gruesos bigotes, con caras de padres acusadores. A medida que se acercaban, parecían más altos, más grandes, sus uniformes más azules aún.
-¿¡Qué hacen aquí?!-
-Nada Señor- contestó el negro Castro que era el mayor de los cuatro.
- ¡¡¡ Maidana, revise a los pibes!!!-
-¡¡¡No por favor señor no estábamos haciendo, nada!!!-
-¡¡¡De donde vienen!!! No saben que estamos en estado de sitio-
- Estábamos en la placita- una voz finita salió de José. Alicia y Adriana comenzaron a llorar, el miedo había invadido su cuerpo, el metro noventa del negro Castro se perdió en la inclinación de su espalda, estaban desfigurados. Les habían enseñado tenerle miedo a la autoridad.
- Mocosos de mierda, después si les pasa algo la culpa es nuestra ¿¡No?!-
- No señor-
- Maidana, ¡súbalos al coche!-
Los cuatro lloraban, tenían miedo de que los padres se enterasen. Ya se imaginaban los castigos que iban a recibir en sus casas, el grito de sus madres ¡Por qué me haces esto!¡Yo que te doy todo, casa, comida, ropa, y vos me haces esto!... el desprecio de los padres ¡es tu culpa, se les da de todo!¡trabajo todo el día y encima vengo y me tengo que hacer mala sangre!¡Si sigue así que se vaya a la calle!¡No lo quiero más acá!.
Y así fue, cada uno recibió un castigo, meses sin salir las chicas, confiscarle el sueldo entero a los chicos, la advertencia del agente- Señora cuídela, diga que la encontramos nosotros…y la trajimos directo a su casa… podía haber sido distinto… Y vos toda una señorita, ¡¿no te dá vergüenza hacerle esto a tu pobre madre?!-

A Alicia le queda el recuerdo de su último año de secundaria, después dejó el estudio, dejó a José, dejó su adolescencia, y guardó los recuerdos. El tiempo se encargó de demostrarle que aquella noche fueron dos las anécdotas que le quedaron para contar.

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