martes, 27 de octubre de 2009

“UN HOMBRE MAYOR”

ADELA DEZA


El coche arranco rápido, sentadas iban tres hermanas, adelante su anciano padre.
Las jóvenes charlaban animadamente, sin darle ingerencia a su progenitor, que permanecía en absoluto silencio.
Ramón es un octogenario, de cuerpo magro, bajito, enjuto, pelado … ; está deteriorado por el paso de los años.
Excesivamente sordo. Por suerte no escucha lo que hablan sus hijas.
Una decía: -últimamente está insoportable, se levanta de noche, no encuentra la luz para ir al baño, tira las sillas o cuanto encuentra a su paso. Si sigue así, lo llevo a la pieza de servicio, que tiene el baño al lado y así voy a poder dormir-.
La otra comentaba: - en casa se tomó la costumbre de hacer ruido cuando toma la sopa y mastica con la boca abierta, a mis hijos ¡les da asco!.
El viejo mira por la ventanilla pasivamente, con esa indiferencia que parecen tener los ancianos, cuando no les interesa lo que pasa a su alrededor.
De pronto se detiene el auto. La que conduce vuelve a hablar.
-¡Abrí la puerta!, que yo saco la valija-
-Bueno, vamos papá, agárrate de mi brazo, pisa bien, a ver si te caes-.
-¿Dónde estamos?, ¡ah! En lo de Cecilia, ¡qué buena es mi nuera!-.
-Sí, este mes te toca con ella-.
-¡Qué bien!, ¡qué buenos son mis hijos!, ¡qué buenos!-.
Lo conducen lentamente hacia la casa, trasponen la vereda y tocan timbre.
Cecilia los recibe, con rostro serio y disgustado.
El hombre mayor, esboza una sonrisa y al darle un beso en la mejilla le dice: -Gracias querida. ¡Qué buenos son todos conmigo!. Tengo que darle gracias a Dios por los hijos que tengo!-.

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