miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA MES A VACÍA

ADELA DEZA

Juani estaba nerviosa y ansiosa, finalmente conocería a Javier. Durante dos meses por las noches, chateó con él.
Por medio de esos diálogos, pudo conocerlo íntimamente, descubrió sus valores, sus gustos, sus sueños y ambiciones.
La impresionó su cultura general. A través de su palabra escrita, logró bucear por todos los rincones de su corazón y se sintió atraída por ese desconocido.
Dos semanas atrás se intercambiaron fotos.
A Juani le pareció un lindo hombre, robusto, de rostro armonioso, cabello ondulado y renegrido, ojos verdes, boca carnosa y sexual. Por su vestimenta descubrió que era una persona prolija y sobria. Fue ayer en el último diálogo, donde resolvieron encontrarse, a las veinte horas en la Confitería “Las Violetas”.
Juani estaba emocionada, pensaba; “¡estoy enamorada!”
Esas charlas tan jugosas y enriquecedoras, ¡le abrían un nuevo camino!...
Puntualmente, llegó a la confitería, al ingresar miró hacia todos lados, para verlo. Lo descubrió en una de las últimas mesas, junto a la vidriera.
Se acercó emocionada, lo saludo y al sonreírle le dijo:
- ¡Por fin nos conocemos!
Él sin levantarse tomó su mano y acercándola, la beso en la mejilla y con una profunda mirada le indicó:
- Sentate, sos tal cual te imagine, ¡hermosa!-.


Juani le sonrió, se miraron embelesados, se tomaron de las manos, se dijeron palabras de amor.
Pasaron dos maravillosas horas, charlaron, rieron, se acariciaron; hasta que él, se incorporó con cierta dificultad y la besó en la boca.
Fue un breve beso, pero a Juani le pareció ¡bellísimo!
Javier piensa que ha llegado la hora de la prueba final.
Con una mirada amorosa le dice:
- Debo hacer una llamada por teléfono.-
Se incorpora, toma los bastones que estaban apoyados a su espalda sobre la silla, se calza los brazos en ellos y camina hacia la cabina que estaba alejada de la mesa.
Juani sorprendida, palidece. Un nudo en su garganta no la deja respirar.
Esta atornillada al asiento, trata de pararse y no puede.
Se siente angustiada, mil pensamientos fluyen en su cabeza ¡¿Qué vida me espera al lado de un lisiado?!
Resuelve: Debo irme. Hace un último esfuerzo, se incorpora, toma su cartera y huye hacia la calle.
Javier la mira y triste piensa: lo sabía ¡era muy difícil que me aceptara!
La mesa que momentos antes fuera testigo de tanta felicidad ahora ¡está vacía!

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